Yolly

Monday, July 18, 2005

El placer de leer


Me gusta mucho leer y tengo la loca costumbre de leer varios libros a la vez, dependiendo de mi estado de ánimo. Mi lectura casi que está totalmente centrada en autores latinoamericanos o españoles y cuando comienzo un libro, debe atraparme en su primer capítulo, de lo contrario, me cuesta mucho dedicarle atención. Si ya leídas varias páginas no me involucro y me interesa , me cuesta mucho seguir.

Con la última obra de García Márquez, “Memoria de mis putas tristes” me sucedió algo así. Leía (en un vuelo de avión), y me decía: ¿en que va a parar todo esto? Por ser una narración del Gabo, que ya es suficiente motivo para no dejarlo, me obligué a seguir leyendo. Me alegro de haberlo hecho porque llegó el instante en que ya no pude soltarlo. Al llegar a mi destino lo había terminado. Cuando me conecto de esa forma con una historia, leo de prisa, con sentimientos encontrados, no quiero que se acabe y no veo la hora de llegar al final.

Este libro del Premio Nóbel, lo catalogo como un homenaje al amor, en su esencia más primitiva y a la vez más integral. Un amor que no necesita de palabra alguna, que se conforma con dar sin esperar nada a cambio. Así lo interpreté y así lo disfruté, hasta el punto de tomar nota de párrafos que, tanto por su composición como por su contenido, me impactaron. Me sorprendió, que hace unos días, en una reunión familiar, alguno de los presentes opinó que el libro le había repugnado, que era horrible y grotesco. Sonreí y me dije: eso es lo más bello de la lectura, da para todo, cada uno lo asimila a su manera.

Al terminar ese libro, que ya guardé entre mis posesiones de las que no me desprenderé, inicié la lectura de Jerusalén, Caballo de Troya 1 de J.J. Benítez, Jerusalén, Caballo de Troya 1. Al mismo tiempo el último de Marcela Serrano, una de mis novelistas favoritas, “Hasta siempre, mujercitas” y como si fuera poco, otro de uno de los escritores, en mi humilde y precaria opinión, que posee un poder de narrativa y uso del lenguaje que despierta en mi una total adoración, Vargas Llosa.

Azteca me absorbió totalmente y ahora terminada su lectura, me dispongo a continuar leyendo esos tres que se quedaron esperando mi regreso. Pero ya tengo otros que aun permanecen totalmente cerrados, de Carlos Fuentes, “Las Buenas Conciencias” y de Lucía Etxebarría, “Un Milagro en Equilibrio”, Premio Planeta 2004.

Leer es un pasatiempo que ejercita el intelecto y abre los horizontes personales. Leer un buen escritor, como los que he mencionado y muchos más, nos pone en contacto con la solidez y la riqueza del idioma, de esta lengua tan variada, que contiene tantas palabras que correctamente utilizadas y enlazadas, nos pintan y describen hasta lo más imposible. A quien le gusta escribir, como a mi, a veces es una tortura, porque cuando se lee a uno de estos maestros uno se siente pequeñito, a millas de espacio, a años de distancia de lograr un texto que se acerque a tanta perfección.

Leyendo se viaja, se siente, se medita, se aprende y es la herramienta más eficaz para el proceso, en paralelo, del aprendizaje de la escritura, de la narrativa. La lectura me sustrae de la vida real, me sumerge en una ficción, que no lo es realmente. Esas historias impresas en un libro, de las que te enamoras y con las que hasta puedes llegar a identificarte, son realidades, producto de un sueño, de una vida o un minuto, de la vida de sus autores.

2 Comments:

  • jeje también leo varios a la vez, saludos!

    By Blogger RomRod, at 3:49 AM  

  • Me alegro que alguien más lo haga!!
    Saludos desde Venezuela,
    Yolly

    By Blogger Yolly, at 5:21 PM  

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